24-02-08


Mujer en la cocina de Viggo Johansen

Con las manos en la masa: La inscripción de la cocina y el hacer doméstico como espacios culturales y políticos

Pues ¿qué os pudiera contar, Señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Veo que un huevo se une y se fríe en la manteca o aceite y, por contrario, se despedaza en almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria... Por no cansaros con tales frialdades que sólo refiere por daros entera noticia de mi natural y creo os causará risa pero, Señora ¿qué podemos saber las mujeres sino de filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.

Sor Juana Inés de la Cruz

Desde un espacio cultural marcado por la heterogenidad y las tácitas de los grupos sulbalternos, algunas feministas latinoamericanas han optado, no por la negación sino por el rescate de una sub-cultura de la mujer en su rol primario de madre y esposa en el espacio de la casa. Como es el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, se intenta de este modo anular las parcelaciones impuestas al Saber borrando la disyunción entre el cocinar y el filosofar. El hacer doméstico ha sido generalmente devaluado en nuestra cultura por considerarse que carece que trascendencia histórica o metafísica. Para una perspectiva centrada en la producción visible de mercado, coser, bordar o cocinar son actividades que, de ningún modo, contribuyen a la transformación efectiva del mundo. Sin embargo en un proceso de revaloración de lo doméstico, cabe preguntarse qué implicaciones han tenido estas actividades en una relación cuerpo-mundo que se realiza a partir de un ser y un estar en el espacio cerrado y "ahistórico" de la casa.

Como agente de un Hacer que se consume o desbarata rápidamente día a día, la mujer está afuera de todo proceso de monu
mentalización que aspira a ser eterna. Su Hacer funciona , además, en los márgenes de toda categoría de valor de cambio; hacer y rehacer son parte de una praxis que no posee el tipo de gratificación creativa asignada por Marx al Homo Economicus, por cuanto no estaría modificando el entorno natural para producir cultura. Sin embargo, la actividad manual en el espacio dómestico, indudablemente, contituye una paxis cultural que, sólo ahora, comienza a ser elaborada por discursos que la legitimizan.

En primer lugar, habría que inquirir con respecto al tipo de relación que se establece entre el sujeto agente y la materia en sus transformaciones culinarias a través de una actividad que, trascendiendo el niv
el práctico inmediato, posee ademas dimensiones creativas, hasta ahora únicamente atribuidas a la figura masculina del Chef en un restaurant de lujo. En el espacio de la casa, la relación de este sujeto con los objetos que se sacuden y se lavan en un rutina diaria, parece también regirse por otro tipo de temporalidad que se distingue de lo convencionalmente definido como devenir histórico. Relaciones que, por otra parte, implican modos diferentes de un conocer el cual fluye en los márgenes de modos diferentes de un conocer el cual fluye en los márgenes de las epistemologías dominantes. Es más, el saber en el ámbito de lo doméstico no solo provee paradigmas alternativos para el conocer sino también para otro tipo de acercamiento hacia los espiritual, como señalara Santa Teresa de Avila al decir que Dios también andaba en los pucheros. Parafraseando a Freud, se podría decir que, en ese continente negro de camas desechas, niños por alimentar, hilos multicolores y artefactos caseros, subyace una cultura inexplorada.

Por lo tanto, no es fortuito el hecho de que, ya a partir de Sor Juana Inés de
la Cruz, haya surgido, en Latinoamérica, una imaginación femenina que ha hecho del espacio doméstico un locus con dimensiones representacionales y simbólicas.En las pinturas de Remedios Varo y Leonora Carrington, la casa y, especialmente la cocina, se impregna de una atmósfera mágica en la cual la mujer, con su habilidad manual y su sabiduría, se representa como una alquimista. Gabriela Mistral, en su poema titulado "Sal", hace de la relación entre Mujer y Materia un reencuentro con los orígenes y una denuncia de su condición de cautiva con la potencialidad de transgredir el orden patriarcal: "Ambas éramos de las olas/ y sus espejos de salmuera,/ y del mar libre nos trajeron/ a una casa profunda y quieta;/ y el puñado de Sal y yo,/ en beguinas o en prisioneras,/ las dos llorando, las dos cautivas,/ atravesamos por la puerta...". Durante la década de los cincuenta, Rosario Castellanos y Amparo Dávila, por otra parte, elaboraron, en algunos de sus cuentos, un imaginario en el cual el acto de cocinar se entreteje en la existencia subordinada de las protagonistas como signifcante subversivo de la sexualidad femenina.

De esta larga aunque escueta tradición cultural, ha surgido, en estos últimos años, toda una producción que intentan insertar lo tradicionalmente cotidiano y femenino en el ámbito de la cultura oficial. Así, en un reelaboración feminista de la relación Mujer-Cocina, Mariela Alvarez Peñaloza, por ejemplo, dice: "Las mujeres nos transmutamos dentro de una cocina, la más alba de las ancianas esgrime una cimitarra frente a la infinitud bulbosa de la cebolla y las pasiones de las doncellas se concentran todas en el jugo espeso de la pierna al horno". (34) Modificando la figura decimononica del "ángel del hogar", Alvarez Peñaloza representa a la mujer cocinando en una relación con la Materia que involucra una transformación pasional. De esta manera, el alimento que se transforma para ser consumido no es simplemente aquello que se cuece, se corta, se pudre y se evapora sino también la materia que transmuta a la mujer, sacánadola de su rol pasivo y subordinado.

Dentro de este contexto en el cual se realizan reinscipciones culturales de los dómestico, la cocina se ha transformado también en metafóra de la escritura y del quehacer crítico. Rosario Ferré en "La cocina de la escritura", utiliza esta metáfora del cocinar para explicar la génesis y los procesos de su creación narrativa contradiciendo, irónicamente, aquellas prolíferas fabulaciones masculinas que se refieren a la creación astística como sinónimo del parto. (35) Y Debra Castillo, en su reciente libro acerca de las escritoras latinoamericanas, inserta en su
corpus teórico, una serie de matáforas culinarias que modifican al típico discuro crítico, tan proclive a las abstracciones falogocéntricas. (36)

En este sentido, nos parece que Laura Esquivel en
Como agua para chocolate ha logrado hacer del cocinar una actividad legítimamente cultural en los centros hegemónicos, considerando el éxito que ha tenido su novela y el film basado en la misma. La receta, aquel texto en hoja suelta que circula entre las mujeres, se transforma aquí en préambulo narrativo de cada capítulo. Préambulo que, en la sub-cultura de la mujer mexicana, posee una larga tradición, tanto en los manuscritos coloniales anónimos, creados y mantenidos en los conventos como en los textos que recopilan la tradición culinaria de una familia a través de diversas generaciones. Tal es el caso de Cuadernos de guisados. Soy de María León de Gomez, del siglo XVII y XIX, y Recopilación de recetas y guisados de Emilia Priani, manuscrito en libreta de pasta dura, fechado en 1864.(37) En la novela de Esquivel, el discuro de la receta recoge esta tradición y, a modo de un coro griego, anuncia los suscesos que se desarrollaran alrededor del eje de cocinar, como actividad teñida de sensualidad y magia.

En los cuarteles oficiales de la cultura de occidente, se han extraído sistemáticamente espacios parciales del Hacer para constituir disciplinas separadas de los cotidiano, tal es el caso de la política, la ciencia, la filosofía. Las elaboraciones comentadas anteriormente, en una estrategia cultural y social, no sólo intentan borrar la escisión falogocéntrica entre "lo doméstico" y "lo trascendental" sino que también modifican los significados tradicionales atribuidos a la mujer en sus quehaceres domésticos. Lejos de ser la manufactora que, de modo automático y pasivo, se dedica a realizar las labores del hogar, en estos discursos, se destaca un sujeto creativo e imaginativo, inserto en actividades domésticas que poseen potencialidad de constituirse en fermeto engendrador de un parxis cultural.


(34) Mariela Alvarez Peñaloza. "Consejos para cocineras" publicado en Bordando sobre la escritura. (México: Secretaría de Educación Pública, 1984, p. 157).
(35) Rosario Ferré. "La cocina de la escritura" La sartén por el mango editado po Patricia Lenea González y Eliana Ortega. Río Piedras, Puerto Rico: Ediciones Huracán, 1984, pp. 133-154.
(36) Debra Castillo.
Talking Back: Toward a Latin American Feminist Criticism
. Ithaca: Cornell University Press. 1992.
(37) Para una documentación muy completa acerca de la cultura culinaria creada y mantenidad por la mujer, se puede consultar el sobresaliente libro de Josefina Muriel titulado Cultura femenina novohispánica (México: Universidad Autónoma de México, 1982)


La mujer fragmentada: Historias de un signo. Conversación entre: Daimela Eltit, Raquel Olea, Carlos Pérez de Lucía Guerra. Ensayo/Debates de Editorial Cuarto Propio.

El cuadro del medio corresponde a Remedios Varo, su nombre es "Una visita inesperada", uno de mis cuadros favoritos de toda la vida.

 
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