13-08-07


"Papá ¿por qué no me enseñaste a nadar antes?"

Sympathy for Mr. Venegance de Chan-wook Park

Porque de la critica, hoy por hoy, he aprendido que no se escupe en vano, que realmente no se escupe, que si vamos a andar con gargajos de ira y resentimiento sin fundamentos es mejor, cual alquimista del lenguaje, transmutarlo y conservarlo, si se da el caso, en oro... Que no se malentienda que mis palabras son agradables en toda ocasión, que callo y miro al suelo o de reojo las polillas que golpean las ventanas en la noche o que la edad y el casi inevitable conformismo -o estado de latencia- propias de ciertas etapas de la -mi- vida están haciendo estragos, que no, que esta lengua cada vez más ponzoña engendra -genética en acción- pero a diferencia de mis avasalladoras antecesoras refino este arte de la palabra-puñal, la critica que destruye pero que también construye, aunque mucho, depende del receptor de la critica, quien en ocasiones no es merecedor más que de palabras rápidas e inconsistentes o el silencio filoso.

Juzgar motivaciones, sueños y aspiraciones, creadas con -en teoría- la mayor bondad, desapego y ganas de "ser" y "hacer" no seria justo, a estas alturas y con el peligro-temor-oportunidad constante, eterna pero con fecha de caducidad, de por caprichos intangibles o negligencia pura, calzar los mismos zapatos e incluso, en las circunstancias actuales, peores, más pequeños, estrechos y ruinosos.

Juzgar cariños y amores me es imposible, si no soy yo la que ha de salir ganando o perdiendo, solo soy objetiva cuando me conviene y si esto no me conviene pero si me incumbe prefiero no hacer el ejercicio. Dejo pasar, aunque este allí no me ha de tocar.

Dejando lo emocional de lado, el arranque visceral ya expuesto anteriormente y que lleva al acto no lógico y autorreferente demostrativo de lo contrario ("Lo que yo hago-pienso-siento es lo correcto, por lo tanto, te llevo la contraria") de juzgar entro al campo del análisis frío, que intenta cuadrar y amoldarse con sucesos.

He de agradecer que no es de alabos gratis ni de congraciarse fácilmente y yo no soy de tragarme alabos baratos y sospecho de la gente que anda repartiendo cumplidos al saludar, por ejemplo. Ambos somos serios, parcos, secos, poco expresivos pero algo en ese viaje lo hizo abrirse. Quizás fue la noche, la lluvia, la pena que no podía ocultar, además de la razón de nuestro viaje, el lío en el que estaba metida... no sé, una conjunción de sucesos no funestos pero si pesados, a los que no estoy acostumbrada, quizás me vio realmente débil como muy pocas veces, abajo, demasiado abajo, acostumbrado a mi orgullo, mi soberbia y a veces altanería, verme en la posición de victima de la vida era algo raro para él, seguramente... Sus palabras no cambiaron de tono, en realidad, sus palabras eran fuertes pero su actitud no cambio por eso me tocaron, porque no tuvo que llenarse de una falsa emotividad, sentimientos fingidos, teatro, show... y como somos parecidos, se lo que cuesta en esos momentos fingir y no ser descubiertos, por eso, aunque fríos, somos sinceros. No fueron consejos, fue un reconocimiento, personal, intimo, de esos que se dicen un vez... no lo repetiré pero puedo decir, que me dejo conforme, intelectual y emocionalmente conforme.

Más han sido los sucesos desagradables, las mentiras, engaños, descuidos, peleas, desencuentros, no sé si será lamentable, común, lo que si es para mi una certeza, es que estos eventos no me son indiferentes por mucho que en la cotidianidad así lo resuelva. Y el final de toda esta historia no sé a que nos lleve, no sé que sucederá en el instante en que las grandes mentiras en las que vive sean expuestas al sol, no sé que pasara conmigo en ese instante, no sé si seré razón o corazón, mano abierta o cerrada.

Sigo sin juzgar-lo-, por ahora, mientras me dure el impulso de desterrar aquella mala costumbre que de manera inconsciente configura mi mente y expresa mi lengua.

Quizás sigo creyendo que creo eclipses con mis manos. Quizás ahora soy calculadora.

Prefiero creer en lo que ha sido y solo esperar que si a mi, mi viejo, no me enseño a nadar cuando debía, ahora que ¿tiene? una tercera oportunidad, si lo haga.

 
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