22-08-07

"Elle est..."


Su nombre ya anunciaba mi derrota pero no podía presagiar mi reacción. Una pitonisa polisílaba añoro pero no logro ser aquel concepto que las letras conformaban pero solo la cabeza configuraba en una imagen, creación cuasi infantil de papel de seda verde y matizado, recortando esquinas, redondeando y dando forma a aquello. Y era esa imagen lo que me aterraba ¿como tan visionaria?

En la entrada -presentación- ya de rodillas y no solo por formas, colores o modos como es lo convencional, lo intangible ya causaba estragos en mi -sonrisa fugaz y nerviosa-. No podía imaginar desenlace alguno con todos los elementos que se sumarían a la ya concienzuda planificación de pasos a seguir si esto aumentaba, ideas entrelazadas en pocos segundos, llegar a la puerta de escape de las relaciones interpersonales.

Pero esto no ocurrió de inmediato, los dedos que mueven los hilos en ciertas irreversibles pero en ocasiones, placenteras situaciones (mejor dicho, el destino) hicieron que mi obnubilación por aquello, que ya no era un concepto sino una construcción compleja de sonidos, movimientos, sonrisas, aromas, letras, notas musicales y confusa pero hipnotizante autorreferencia pero por sobre todo, superando cualquier otro encuentro, un encanto que era casi palpable - y de así ser aterciopelado, espeso, burdeo y con olor a cacao, llenando sentidos- se transformara en una compañía constante peor aún, amigable.

Que abriera su boca era una cosa pero que abriera su sentir y su pensar era transformarse en una Pandora con zapatillas de lona. Complejo era poco para denominar su "ser", irreproducible, escabroso y hasta aterrador, convertía mis noches en cuestionamientos sobre temas que jamás viví, de sentimientos nunca experimentados, jugando con mis valores y mi pseudomoral, combinados con cultura pop, sentimientos y complejos afines, en conversaciones de sobre mesa, esas de jugo azucarado y pan con queso.

Y sentí placer, comodidad, atracción y finalmente mi corazón cambio su latir. Era el momento de aplicar el plan trazado anteriormente, momento idóneo, ni antes ni después, era ahora ya. Y fue y huí. Si, soy cobarde ante ciertas circunstancias de interacción social, si bien las veces que me he "atrevido" las experiencias no han sido del todo desalentadoras -de hecho, algunas han sido gratas y tal cual las había planeado, todo un logro- como para haber quedado con esa macula mental de "no cruces el río", cada nueva oportunidad que tengo de demostrar que puedo saltar -con o sin paracaídas- es como si fuera la primera, simplemente, no tengo seguridad en mi misma. Es tan sencillo como eso.

¿Volvera solo lo que se abandona a voluntad? Sería sumamente agradable y esta vez no huiría.

 
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