Sus primeros intentos muestran al escritor luchando por establecer un estilo. Una de las primeras grabaciones más impactantes de Joy Division, No Love Lost, tiene una parte recitada con un párrafo completo de House of Dolls. Canciones como Novelty, Leaders of Men y Warsaw eran regurgitaciones apenas digeridas de sus fuentes: grumosas páginas de frustración, fracaso e ira con un trasfondo militarista y totalitario. Como una estocada de Burroughs, las letras cambian de una dirección concreta a la descripción de una situación, con frecuencia horrorosa o perturbadora: "todos los asesinos agrupados en cuatro filas", sellado en una confesión en primera persona de culpabilidad e indefensión: "Hice todo lo que quise/dejé que te usaran para sus propios fines".
En los ensayos de Joy Division, Curtis actuaba como director, detectando fraseos y trabajando con con Bernard Summer, Peter Hook y Stephen Morris para convertirlos en canciones. Cuando terminaban con la música, escarbaba en la bolsa plástica donde guardaba sus notas y comenzaba a ponerle letra a la música. Como lo recuerda Summer en el documental de Joy Division , "sólo sacaba algunas palabras y comenzaba a cantarlas, era bastante rápido". Entre 1978 y 1980 no dejó de escribir letras, tenía para más de tres álbumes. Curtis no buscó narrativas convencionales, pero creó una situación en la cual la emoción surgía como respuesta al narrador. Mientras la letra pasaba de lo universal a lo personal, el "yo" se encontraba con frecuencia atrapado, como en una tragedia griega, por fuerzas que no podía controlar. "Vivimos bajo tus reglas, eso es lo que nos mostraron" (Candidate).

Como mucho jóvenes, los sentimientos de Curtis oscilaban entre la omnipotencia y la protesta, esto se refleja en sus letras. La sensación de luchar en vano, tal vez, contra un sistema laberíntico es un tema recurrente de Kafka, Gogol y Burroughs, entre otros. Es fácil seguir una línea temática entre los agentes de control en El Castillo de Kafka y las teorías del control en Burroughs, o en el fatalismo de los rusos del siglo XIX a la ciencia-ficción de posguerra.
La exquisita tecnobarbarie de Ballard ofrece una variante. La ciencia-ficción muestra una alternativa y Curtis empleó este lenguaje en el primer álbum de Joy Division, Unknown Pleasures. Canciones como Interzone ubican a una juventud desesperada y olvidada, como los Wild Boys, en paisajes desiertos de Manchester. Al mismo tiempo, había una preocupación por las imágenes religiosas y el martirio, combinados con una actitud nietzscheana.
En los ensayos de Joy Division, Curtis actuaba como director, detectando fraseos y trabajando con con Bernard Summer, Peter Hook y Stephen Morris para convertirlos en canciones. Cuando terminaban con la música, escarbaba en la bolsa plástica donde guardaba sus notas y comenzaba a ponerle letra a la música. Como lo recuerda Summer en el documental de Joy Division , "sólo sacaba algunas palabras y comenzaba a cantarlas, era bastante rápido". Entre 1978 y 1980 no dejó de escribir letras, tenía para más de tres álbumes. Curtis no buscó narrativas convencionales, pero creó una situación en la cual la emoción surgía como respuesta al narrador. Mientras la letra pasaba de lo universal a lo personal, el "yo" se encontraba con frecuencia atrapado, como en una tragedia griega, por fuerzas que no podía controlar. "Vivimos bajo tus reglas, eso es lo que nos mostraron" (Candidate).

Como mucho jóvenes, los sentimientos de Curtis oscilaban entre la omnipotencia y la protesta, esto se refleja en sus letras. La sensación de luchar en vano, tal vez, contra un sistema laberíntico es un tema recurrente de Kafka, Gogol y Burroughs, entre otros. Es fácil seguir una línea temática entre los agentes de control en El Castillo de Kafka y las teorías del control en Burroughs, o en el fatalismo de los rusos del siglo XIX a la ciencia-ficción de posguerra.
La exquisita tecnobarbarie de Ballard ofrece una variante. La ciencia-ficción muestra una alternativa y Curtis empleó este lenguaje en el primer álbum de Joy Division, Unknown Pleasures. Canciones como Interzone ubican a una juventud desesperada y olvidada, como los Wild Boys, en paisajes desiertos de Manchester. Al mismo tiempo, había una preocupación por las imágenes religiosas y el martirio, combinados con una actitud nietzscheana.
Continua...
Revista Ñ del 20 de diciembre de 2008
